Tu rastro digital no se destruye, se almacena

Tiempo de lectura: 4 min

Este tema se cruzó en mi camino en la aventura de crear mi propia web y me hizo reflexionar.

Hay un momento decisivo a la hora de crear un sitio web que implica elegir dónde vas a almacenar todo el contenido que vas a generar. La verdad que yo no sabía nada al respecto, nunca antes había tenido que enfrentarme a ello.

Investigué por internet y descubrí que existe todo un mundo de “hosting” (así se llama a los almacenes de datos en la nube). Se puede elegir dónde quieres que estén tus datos geográficamente, si quieres copias de seguridad y cada cuanto, si quieres soporte, etc. Hay distintos planes de almacenamiento, y normalmente, tal y como funcionan los mecanismos de búsqueda de internet llegas a los planes más baratos (y menos sostenibles).

Si no lo veo no existe

Me di cuenta de que nunca me había cuestionado dónde (y me refiero físicamente) va el rastro que dejo por internet mediante comentarios, fotos compartidas, mensajería instantánea… supongo que siempre supe que cada plataforma se ocuparía de lo suyo, pero después no le dedicaba mucho más pensamiento.

Para que nuestras conversaciones de WhatsApp persistan a lo largo del tiempo, podamos ver fotos de hace 8 años en Facebook o veamos 3 capítulos de Netflix esta noche, existen unos almacenes de datos gigantes (de ahora en adelante centros de datos), normalmente escondidos en algún rincón remoto del mundo.

Parece que navegamos por internet, trabajamos desde nuestras casas, enviamos mensajes desde nuestros móviles, subimos fotos a las redes, y no tiene ningún impacto tangible para nosotros, huella cero. Si no lo veo no existe.

Sin embargo, cada vez hay más usuarios en la red, hay nuevas apps, nuevas webs, nueva vida online, trabajo online y no solo hay que dar capacidad a las nuevas interacciones, hay que mantener todo lo que se ha creado anteriormente y, si es posible, tener copias de seguridad de todo ello.

La energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma

Según el estudio DOMO 2018, cada persona genera 1,7 MB de datos cada segundo de media. Si hacemos cuentas, para interpolarlo a algo que podamos entender todos, esto equivale a aproximadamente 53 TB al año. Un disco duro que compramos para almacenar cosas personales en casa suele tener 2 TB, y normalmente tardamos muchísimo en llenarlo. Sería como generar 26 discos duros al año por persona, todas las personas del planeta.

Este grandísimo almacenamiento requiere de una grandísima energía constante para mantenerse, no se concibe que haya un parón en los servicios. Por suerte, cada vez somos más eficientes y la tecnología mejora cada día, necesitando menos energía y menos recursos para almacenar mayor cantidad de datos. Aun así, se espera que siga creciendo de forma exponencial el volumen de datos al que dar soporte.

A continuación, muestro una imagen de un artículo de la revista Nature, representa una estimación de la energía que se va a consumir en relación al almacenamiento de datos hasta el año 2030:

Derechos de Imagen de Nature

Como vemos, el crecimiento es exponencial. En el 2020 todavía se dedica más energía a los dispositivos de consumo (como televisores, ordenadores, móviles, etc), sin embargo, para 2030 se espera que la energía para redes y centros de datos suponga un 21% de la electricidad consumida mundialmente, casi el triple de la energía consumida actualmente.

Estos centros de datos tienen una gran desventaja y es que se sobre calientan mucho. Para que estos sistemas funcionen adecuadamente hay que mantenerlos a baja temperatura, es por ello por lo que se invierte muchísima energía en refrigerarlos.

Los expertos ya son conscientes de esta problemática y se está trabajando en opciones para dar respuestas al gran consumo energético.

Sería buena idea para reducir emisiones, por ejemplo, establecer estos centros en zonas más frías como en Alaska, Noruega, Finlandia… De hecho, es algo que está en el punto de mira de las grandes tecnológicas pero se ven frenados por políticas locales, que poco a poco aprueban leyes para que los datos permanezcan almacenados dentro de sus fronteras. Aun así, Google tiene establecido uno en Finlandia y Facebook tiene uno en Suecia.

Otra idea que tuvo Microsoft fue la de probar a sumergir un tanque que contiene servidores en el mar. Tras estar dos años sumergido la experiencia resultó positiva para los investigadores y abre un nuevo marco de posibilidades a explorar en el futuro, un tanto invasivo para el mundo marino.

Estos servidores no solo sirven de almacenamiento sino también de procesamiento. Se estima que una búsqueda en Google equivale a tener encendida una bombilla de 60W durante 17 segundos, que implica un gasto de 0.2 gramos de CO2. Si cada minuto, según el estudio de DOMO del 2019, se hacen alrededor de 4,5 millones de búsquedas en Google, podemos imaginarnos el impacto que genera.

Una de las propuestas que han surgido recientemente son los centros de datos ecológicos, llamados así porque toda la energía que se utiliza para el mantenimiento proviene de fuentes de energía renovables. Estos centros proporcionan certificados que pueden lucir los sitios web que albergan, por ejemplo, esta web tiene en el pie de página un logo de “Web Eco Friendly”. Estos servidores de almacenamiento son más caros, y el usuario debe estar concienciado para no coger la opción más barata.
Además, grandes empresas como Facebook, Microsoft y Google se han comprometido a tener un consumo de energía 100% renovable.

Con este artículo, solo pretendo que alguien más le dedique un pensamiento, hacerse conscientes por un momento que cada acción que realizamos a través de internet tiene un impacto. No vamos a dejar de usarlo, pero por lo menos tengámoslo en cuenta.

Si has llegado hasta aquí leyendo ¡muchas gracias! (significa que has estado centrado por lo menos 4 minutos). Ya puedes levantar la mirada de la pantalla donde sea que hayas leído esto y “estirar la mente”, esto significa apagar la pantalla y leer un libro.

¡Que tengas un bonito día!

Central Hidroeléctrica La Malva, Somiedo, Asturias. Activa desde 1917.

8 Comentario

  1. Alex 13 de junio de 2021 at 22:11

    ¡Un tema muy importante, Rocío! Solo una aclaración: cuando Google y Facebook (y Microsoft y otras empresas) dice que han o van a operar con energía 100 % renovable o que van a alcanzar objectivos de «carbon zero» o «carbon negative», no es que realmente vayan a utilizar energía renovable, sino que van a gastar una pasta enorme en «carbon offsets», o sea pagar por plantar árboles y cosas así para compensar la energía que usan. Por no ponerme en plan técnico y plagar esto de referencias, lo resumo diciendo que estos anuncios son básicamente lavado verde. Los planes de Google, Facebook, Microsoft, etc. son seguir creciendo y emitir más carbono cada vez. Ni de lejos se han planteado reducir sus emisiones de carbono. La energía es energía. A la hora de consumir, un electrón no es más verde que otro. La diferencia es que estas empresas tienen dinero para decir que compensan pagando «offsets»

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    1. Rocío López 18 de junio de 2021 at 12:27

      Jaja gracias Alex! Cómo que un electrón no es más verde que otro? qué decepción!
      Yo no digo que estas empresas hayan dicho que van a dejar de crecer. A lo que se supone que se han comprometido (cada una en una fecha distinta) es a utilizar energía renovable para el 100% de su mantenimiento y eso sí que reduciría emisiones. Al menos así lo indica el plan al que están suscritos con la iniciativa RE100. Otra cosa es que llegue la fecha del compromiso y no consigan «el certificado», como creo que ha pasado con Facebook… Lo de «offsets» no había leído nada al respecto pero es muy probable que ocurra esto que dices.
      De todas formas, ¡comparte referencias! alguna al menos, para tener más info y husmear 🙂
      Que vaya todo bien por tus tierras lejanas!
      ¡Un abrazo!

      Respuesta
      1. Alex 18 de junio de 2021 at 16:39

        Lo primero, estas iniciativas son mejor que nada, por supuesto. Pero no son la solución, y no está claro si pueden llegar a ser contraproducentes incluso. Lo de que unos electrones no son más verdes que otros parece una broma, pero es la clave de esto. A no ser que Google ponga paneles solares y molinos en sus centros de computación y conecte sus aparatos a un circuito cerrado en el que la energía provenga directamente de las placas o los molinos (ya te digo que esto no está en ningún plan), lo que ocurre es que Google conecta sus equipos a un enchufe, como todo hijo de vecino. Y al enchufe llegan electrones que vienen del «electrical grid», donde se mezclan electrones que vienen de placas solares y de plantas de carbón. Entonces, para que Google diga que su energía es 100 % renovable, lo único que puede hacer es «comprar energía renovable», que significa financiar una planta fotovoltaica o eólica, o plantar árboles en el caso de los «offsets». Y eso está muy bien, pero es el cuento de siempre del capitalismo: Google tiene la pasta suficiente para permitirse pagar estos sobrecostes y decir que su energía es verde, a costa de otras empresas más pequeñas que no pueden hacer lo mismo. Pero ambas tiran de la misma cuerda, solo que Google tira más fuerte. Ambas tiran de los mismos electrones. Lo que hace falta es que la humanidad genere *más* energía de fuentes renovables, y que malgastemos menos energía. ¿De que sirve que Google compre energía renovable, si por otro lado aumenta sin parar su uso de energía, de manera desproporcionada a lo que aumenta la produción de energía renovable? ¿De qué sirve que Google compre energía renovable, si por otro lado financia proyectos de extracción de petróleo, carbón o gas natural?

        Este es un informe de Greenpeace sobre la contribución de estas empresas a la financiación de proyectos que son ortogonales a los objectivos para frenar el cambio climático: https://www.greenpeace.org/usa/reports/oil-in-the-cloud/

        Abrazos 🙂

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        1. Rocío López 23 de junio de 2021 at 16:15

          Hoooola Alex! gracias por tomarte el tiempo de contestar 🙂 pondré el radar en todo lo que comentas, no es algo en lo que haya profundizado hasta ahora y me gustaría estar mejor informada para seguir el debate! Es cierto que lo de la financiación a la extracción de petróleo/carbón/gas suena muy contradictorio…
          Sobre todo creo que lo que podemos hacer a título personal es malgastar menos energía, como bien dices. Deberíamos elegir con cabeza qué servicios digitales usamos, y el impacto que generan…
          ¡Tu ve contándome si te vas enterando de más avances al respecto!
          Un abrazo ^^

          Respuesta
  2. Laura 30 de mayo de 2021 at 17:02

    Rocio, super interesante este tema. Donde metemos toda la informacion acumulada…Nunca se acaban los problemas de residuos…? tambien los de la nube… Dios que mundo.
    Gracias por tus investigaciones🙏

    Respuesta
    1. Rocío López 2 de junio de 2021 at 09:23

      ¡Muchas gracias por el comentario Laura! Si… lo que me parece más «peligroso» es que como no se ve es todavía más dificil hacerse consciente!
      ¡Un abrazo!

      Respuesta
  3. Ares 26 de mayo de 2021 at 11:32

    Mientras la tecnología siga investigando sobre sistemas de almacenamiento más capaces y sostenibles para salvar nuestra glotonería de almacenar, yo sugiero hacerse también una revisión psicológica personal e intransferible sobre esa obsesión por guardar todos y cada uno de los instantes biográficos propios (así como una revisión sobre el verdadero interés de algunos ajenos), sin olvidar que en una Era anterior (pero también vivida) la autobiografía personal se escribía gracias a los olvidos, la selección y el descarte, contando sólo los greatest hits a compañeros, amigos y familiares. Es, en este sentido, maravillosamente significativa la foto con la que encabezas el texto sobre la relación que mantenemos con la realidad que vivimos, para reflexionar sobre cuál de los dos encuadres preferimos retener en nuestra memoria emocional.

    PD: No me queda claro cómo podemos elegir lo que se guarda, lo que no y dónde.

    Respuesta
    1. Rocío López 2 de junio de 2021 at 07:58

      ¡Muchas gracias por tu comentario! Me ha gustado mucho.

      Respecto a elegir lo que se guarda y lo que no, es un tema que requiere tiempo y dedicación (dejar que se guarde todo automáticamente es mucho más fácil). Por defecto todo se almacena y no se puede elegir donde (me refiero a mails, mensajes instantáneos, uso de apps…). En caso de no querer almacenar algo hay que gestionarlo manualmente a posteriori. Desactivar copias de seguridad (por ejemplo, yo tengo desactivada la copia de seguridad de iphone y guardo solo lo que quiero en un disco duro personal), gestionar los correos y mensajería instantánea implica borrar manualmente lo que no se quiera. Además, la ley de protección de datos GDPR que aplica a nivel europeo establece que todos los usuarios tenemos derecho a solicitar el acceso a los datos almacenados, solicitar una rectificación o la cancelación, solicitar la limitación de su tratamiento, oponerte al tratamiento y solicitar la portabilidad de tus datos. El ejercicio de estos derechos es personal y por tanto debe ser ejercido directamente por el interesado contactando a cada web/app concreta que le presta servicio. Estas medidas están muy bien, pero si tienes que hacerlo por cada servicio que utilizas es una inversión altísima de tiempo, por lo que es algo que casi nadie utiliza. Si te interesa y quieres profundizar más al respecto al menos ¡ya sabes que tienes esos derechos!

      El elegir dónde almacenar los datos va más orientado a personas que tienen un servidor web. Como usuarios de aplicaciones poco podemos elegir.
      No se si te aclaro algo! Si no, lo vemos un día y filosofamos al respecto 🙂
      ¡Un abrazo!

      Respuesta

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